6 de noviembre de 2008

Cuento: Cristina

Reproducción del relato de camisas en su blog http://camisaspadrino.blogspot.com/ , descubierto por nuestro colega Jabato http://sexodepago.blogspot.com/ . Gracias a los dos y a disfrutar, espero que os guste.

Título: Cristina

Cristina desde pequeña comprendió la maldad del mundo, su ciclotimia e hipocresía. Para ella lo que conoce del futuro son las obligaciones, los males o castigos, lo peor de la vida. Quizás en algún momento haya algo bueno pero poco durará ya que la alegría es una víctima fácil de esta sociedad. Cristian nunca fue como los niños de su edad, desde crío fue muy afeminado, jugando a las muñecas de su vecina o hablando y haciendo gestos como su madre. Al padre de ella le afectó mucho, Cristian nació en una familia conservadora de derechas, el hermano del padre era un humilde y ejemplar sacerdote para la iglesia. La madre en parte perdonó a su retoño, había nacido diferente a los demás pero tampoco era tan malo. El padre a veces se echaba la culpa a él, otras a su hijo insultándole con las palabras “maricón” o “niñata” y tantas otras desde que tuvo el niño uso de consciencia. Pero el momento de máxima humillación para Cristian vino a los doce años, siempre recordaría el día exacto porque era la inauguración de los Juegos Olímpicos de verano en su ciudad Barcelona, cuando su tío no pudiendo aguantar más su voto de castidad sexual abusó de su sobrino. El tío había notado algo ya hacía meses cuando estaba con Cristian hablando de cualquier tema, sus pensamientos carnales aparecían sin pedir permiso y su pene se ponía erecto como una roca. Intentó negar tales signos pedófilos pero llegó a tener sueños íntimos con Cristian ¿Por qué Cristian? Quizás su clara homosexualidad no declarada le excitaba mucho. Llegó a creer que con la masturbación había encontrado la panacea a sus males, sin embargo, duró unos meses. El tío llegó un día a casa para hacer una visita a su hermano aunque sólo estaba su sobrino, tuvieron una amigable charla, el tío escuchó la tristeza de Cristian cuando le hablaba de los insultos de su clase y palizas por ser diferente. El sacerdote animó al chico a poner la otra mejilla, él era un ser enviado directo de dios, por eso era diferente, y no pudiendo aguantar más intentó besar al niño, éste se asustó y corrió hacia la puerta, su tío fue más rápido y lo golpeó contra la pared, el impacto fue duro para el chico que se dio en la cabeza y sangró un poco, el cura pudo aprovechar para llevárselo a la habitación de Cristian y bajarle los pantalones y calzoncillos sin ninguna resistencia debido al mareo del golpe. Al principio le costó meter el pene pero poco a poco fue abriendo el ano del chico, primero metió la punta, luego la fue introduciendo aunque no hasta el fondo, finalmente eyaculó dentro de su familiar y se fue sin decir nada mientras veía la sangre de Cristian mezclada con semen tras el desgarro anal. Hasta que el cura no llegó a la calle no pensó en lo sucedido, se arrepintió por si pudiera ir a prisión y aguantó las lágrimas. En la violación no pensó en nada, era una mente vacía como la de una persona en coma. El chico quedó destrozado llorando en la cama varios días, el padre simplemente lo ignoró, según él, su hijo lloraba por ser homosexual, su madre conocía los problemas del chico en el instituto y creía ser ésta la causa de sus lloros, fue a hablar con su hijo para animarle a aguantar un poco, había cambiado de colegio para el curso que viene y en septiembre tendría otros compañeros. Cristian cogió valor y le contó a su madre la violación, ésta inmediatamente fue llorando a su marido para explicarle lo sucedido.

- ¡Eso es mentira! – Dijo el padre de Cristian – Mi hermano quiere mucho a tu hijo, jamás haría daño a nadie. Dile que venga.
- No hagas ninguna locura – dijo la madre preocupada.
- ¡Tráelo! – Cristian vino y cuando vio a su hijo cojear se preocupó un poco pero no por la violación – Llevas dos días cojo ¿por qué?
- Ya se lo he dicho a mamá – respondió Cristian.
- Bájate los pantalones – ordenó el padre
- ¿Qué? – dijo Cristian sorprendido.
- ¡Haz lo que te he dicho! – Cristian cumplió con la orden enseñando el desgarre, los padres quedaron atónitos.
- ¡Pobre hijo mío! – Susurró la madre llorando - ¿Quién te lo ha hecho?
- Ya lo sabes – respondió Cristian.
- ¿Cómo te atreves acusar tu tío de algo así? ¡Él! Que ha sido tan bueno siempre contigo aún siendo un puto bujarra de mierda – el hombre calló un momento mirando a su hijo violentamente - ¿Sabes qué pienso?
- ¿Qué?
- Que te ha petado el culo algún marica como tú ¡Estoy harto de ti! Nunca más quiero volver a hablar de este tema.

Le pegó un bofetón al niño y lo mandó a su cuarto. La madre no hizo nada por miedo y se quedó al lado de su marido. Cristian se tumbó en la cama siguiendo llorando, a partir de aquel día se acabó toda su niñez, su infancia y su inocencia. Nació un ser fuerte, agresivo, valiente, egoísta y loco para poder sobrevivir. Se creó su propio mundo pero tan sólo él lo habitaba. Llegó el nuevo curso y colegio, Cristian enseguida destacó por sus gestos afeminados, su voz aguda. Pasaron unas semanas y un compañero de Cristian insultó al muchacho, éste directamente le pegó dos puñetazos que dejaron al compañero en los suelos. Cristian fue expulsado una semana del colegio, su padre al enterarse de la noticia intentó azotarle fuertemente pero el chico se defendió lo mejor que pudo y no recibió gran cosa, el padre también se llevó algún golpe pero debido a la diferencia de edad no sintió dolor alguno, eso sí, nunca más volvería a levantar la mano encima a Cristian, había notado su perdida de moral y juicio, supo desde aquel momento su cambio y lo dejó como un perdido imposible de rescatar. Regresó al instituto y nadie le insultó ni le pegó, los papeles habían cambiado. Pero el chico estaba solo, no hizo ni un amigo en clase, en el recreo comía con su sombra, los profesores lo traban fríamente, así pasaría su época escolar.

Cristian cumplió los trece años y con ello el descubrimiento sexual, aún le dolía la violación en su interior, sobretodo no poder contarlo ya que no podía confiar en nadie, tener que ver a ese sacerdote era algo duro pero éste le hablaba como si nunca nada hubiese pasado. Sin embargo, esto no evitó que el chico tuviese una sana curiosidad sexual, todo empezó con sueños eróticos, Cristian besaba a otros chicos y tenían relaciones sexuales. Se despertaba con el pene erecto hasta que llegó la primera masturbación y su consecuente eyaculación. Pensó en un profesor de matemáticas que había tenido en un curso anterior. Él era el pasivo pero no se imaginaba como hombre, en su mundo él tenía pecho, clítoris… era una mujer preciosa. Más adelante, se maquilló para sentirse mujer, para rebelarse contra su familia les enseñó su aspecto, ellos no hicieron nada, Cristian era una carga, un inquilino molesto. La madre lloraba a veces sola al ver la destrucción de su familia por culpa de su marido e hijo, ambos eran los responsables. El chico lo escuchaba y sintió lastima pero ella tenía que aceptarle, no podía estar fingiendo toda la vida. La mujer se había acobardado por la postura autoritaria del marido y Cristian no podía soportar esa carestía de personalidad. Una tarde, los padres pillaron a Cristian con una falda y blusa de la madre, la obligaron a quitársela, quedaron sorprendidos al ver también la ropa interior, aunque el padre no se molestaba en nada, ni insultos ni advertencias ni violencia, ignoraba y se iba a ver la televisión.

A los quince años leyó en el periódico un artículo donde hablaba de la prostitución infantil. Unos chicos jóvenes vendían sus cuerpos en los lavabos de la estación central de trenes y metro de Barcelona. Cristian no se lo pensó dos veces, no tenía miedo de ser agredido, ya había pasado por una violación. El problema era salir por la noche, sus padres jamás le dejarían irse de casa más tarde de la diez de la noche. Así que Cristian se fue una tarde y no avisó que llegaría por la noche. Se fue pronto a la estación de Sants y esperó hasta que la noche venció al día. Pero no apareció ningún chico como él, quizás era una oferta de fin de semana o simplemente el artículo era una mentira para vender diarios. Un poco más tarde vio a un hombre cuarentón, taciturno y disoluto. Le miró, Cristian indicó con la cabeza los servicios públicos y entraron.

- ¿Cómo te llamas? – preguntó el cliente.
- Cristian ¿y tú?
- Fernando. Estoy un poco nervioso. Es la primera vez que hago esto. He leído en el periódico un artículo que hablaba de vosotros.
- Siendo sincero, yo he venido igual que tú, nunca he chupado una polla – dijo Cristian sinceramente al ver la bondad de Fernando – pero no soy virgen de culo.
- ¿Y eso?
- Un familiar me violó.
- Vaya, lo siento.
- No pasa nada.
- ¿Cuánto cobras?
- No sé, poco. Tres mil pesetas, te la chupo y me follas.
- Está bien.

Fernando le dio su dinero e inmediatamente bajó sus pantalones. A Cristian no le gustó mucho ese pene pero lo introdujo en su boca y aprendió el arte de la felación. Hizo en más de una ocasión daño mordiéndole con los dientes a su cliente por inexperiencia pero con los consejos de Fernando y su entusiasmo por aprender él efectuó un trabajo más o menos bien hecho. “Fóllame” dijo Cristian y enseñó su culo, Fernando le penetró y su chapero sintió dolor, no obstante, no fue tan intenso como la violación. El cliente fue poco a poco al ver el dolor del chico, éste se lo agradeció, Cristian le tocó los genitales creyendo que así eyacularía antes y no se equivocó, duró cinco minutos el negocio.

- Lo has hecho bien, para ser la primera vez no ha estado del todo mal la mamada, aunque es cierto que se puede mejorar – dijo Fernando.
- Gracias. Me ha gustado comerte la polla y que te corras.
- Si piensas continuar en esto, tienes que comprar condones o vas a pillar el sida o algo parecido.
- Pensaba que algunos de vosotros tendría. Me apetecía follar la primera vez sin preservativo. Me ha dolido un poco pero he sentido placer. Supongo que ahora me va costar caminar un poco.
- Lo siento, chico.
- No te preocupes – se calló Cristian pensativo y volvió hablar – Es curioso he comido una polla antes que dar un beso, suele ser al revés ¿no?
- Tiene fácil solución – Fernando besó a Cristian – Yo soy un gay versátil. Me gustaría que me dieras por caca.
- ¡OH! Sí.
- Pero primero te la voy a chupar.

Los papeles intercambiaron. Cristian disfrutó mucho con la felación de Fernando, lo hacía mucho mejor que él. Su ano estaba bastante abierto, al menos más que el suyo. Cristian eyaculó rápidamente ya que estaba muy excitado.

- ¡Vaya! Lo siento – dijo Cristian avergonzado.
- No pasa nada, cariño.
- Será mejor que nos vayamos, o nos van a pillar en cuanto alguien entre en el lavabo.
- Hemos tenido suerte de que no hayan entrado aún. He traído el coche, si quieres te llevo a casa.
- Sí, gracias.

Salieron sigilosamente, nadie pareció impórtale verlos salir y no fueron llamados por ningún vigilante de seguridad. Una vez fuera de la estación de Sants, Fernando estuvo mucho más tranquilo y agradable.

- Trabajo en una empresa muy importante, soy el contable.
- ¿Qué empresa es?
- Bueno, no trabajo para una empresa, más bien para un tipo con mucho poder que tiene la gran mayoría de acciones de varias compañías.
- Suena a mafia.
- Un poco.
- ¿Tú eres su mano derecha?
- Sí y es como yo.
- ¿Cómo? No te entiendo, Fernando.
- Seguro que le gustaría conocerte. Siempre me habla de que le gustaría tener un chapero joven para él, que no estuviese contaminado por ese mundo por su poca experiencia. Es rico, te daría mucho más dinero que toda la gentuza de estos barrios.
- Vaya, no sé, sólo lo he hecho por probar.
- Te he engañado, Cristian, en cierta manera. Es verdad que nunca he venido aquí. Pero cuando ha salido publicado ese artículo han prohibido los chulos a sus críos trabajar por una temporada por miedo a las cámaras de televisión. Sabría que hoy aparecía alguien como tú. Se lo he comentado a mi jefe y me ha propuesto este plan. Has pasado la prueba. – Llegaron a casa de Cristian y Fernando le dio una tarjeta – Aquí esta mí número de casa, no del trabajo, si quieres venir este sábado por la tarde para conocer a mi jefe llámame de ocho a nueve de la mañana o a partir de las diez de la noche. No te vas a arrepentir.

El coche se fue, Crisitian se quedó mirando la tarjeta y se la guardó en el bolsillo. Entró en casa, eran las once y media de la noche de un miércoles, y el padre tan sólo le saludó, aunque la madre llorando preguntó a su hijo de dónde venía. Él no contestó, pero los padres al ver la forma extraña de andar de Cristian supieron algo de aquella noche, al menos la pérdida definitiva de la virginidad del chico. Al día siguiente no se habló del asunto.

A la mañana siguiente Cristian llamó a Fernando para aceptar su invitación. No tenía miedo, si tenían dinero de verdad podía salir ganando de la situación y en cuanto pudiese se iría de casa de sus padres.

Llegó el sábado, Fernando fue a buscar a Cristian a su casa. El chico lo había pedido así para mandar una indirecta a sus padres. El automóvil se fue hasta una gran casa del barrio de Pedralbes, lugar donde vivían la gran alta clase social barcelonesa. Después de pasar por un control de seguridad estricto pudieron entrar. Cristian esperó un momento en el pasillo mientras Fernando fue a hablar con el gran patriarca. Volvió Fernando e indicó a Cristian que le siguiese. Cristian quedó perplejo de ver una vivienda tan grande únicamente para una persona, Fernando le dijo que era soltero el gran amo. Llegaron a una puerta de la planta de abajo.

- Está aquí dentro. Me ha dicho que entres tú solo, no tengas miedo, muerde pero a ti no – dijo Fernando.

Cristian entró en el despacho. Ahí había un hombre egregio, vestido con la ropa más cara y con un gran gusto. Aparentaba unos cuarenta cinco años, no obstante, se le veía con una gran forma.

- Hola Cristian. Fernando me ha hablado muy bien de ti.
- Gracias.
- A ti ¿Sabes quien soy?
- No.
- Eso es bueno para mí. Me llamo Onofre. Domino muchos negocios a nivel español.
- ¿Son legales?
- Casi todos, pero los ilegales me dan más dinero.
- Entiendo ¿por qué me cuenta todo esto? – preguntó Cristian con mucho respeto.
- Mucha gente se asusta cuando saben quien soy. Me sirve para saber la valentía de esa persona. Yo soy muy decidido, sino jamás habría llegado tan alto. No me corto en nada. ¿Es cierto que te violaron?
- El hermano de mi padre, con doce años. Es cura.
- Ahora entiendo. La iglesia es la primera mafia de la historia, mira los Borgia.
- No sé quienes son – dijo Cristian avergonzado.
- No pasa nada, si te quedas conmigo yo te enseñaré cultura y muchas más cosas.
- ¿Y si no quiero?
- Te vas y tan amigos pero perderás la mejor oportunidad de tu vida ¿quieres escuchar? – Onofre habló toda la plática muy amigablemente.
- Si.
- Muy bien. Tengo negocios de prostitución que me dan mucho dinero. Pero ahora quiero explotar un nuevo campo, los transexuales y travestidos. Es un terreno aún poco desarrollado pero quien comience puede ganar mucho dinero. Ese voy a ser yo. Ya he comenzado con transexuales de la calle, digamos que más o menos tengo la oferta para los obreros cubiertos. Pero me falta una escort. Es muy difícil conseguir uno con grandes cualidades en la cama y en todos los aspectos a nivel cultural, personal. Los burgueses no quieren una maricona tirada en la calle con sida. Les gusta hablar, follar, drogarse y divertirse. Ellos siempre quieren lo mejor ¿entiendes?
- Sí. Como no ha encontrado nada bueno quiere hacer una buena inversión de futuro conmigo para convertirme en un transexual de lujo, enseñarme educación, saber estar, cultura y mucho sexo.
- Exacto, dime ¿te sientes mujer en tu interior?
- Sí, señor Onofre.
- ¡OH! Si aceptas mi plan tú y Fernando seréis las únicas personas no familiares que os dejaré que me tuteéis.
- Me interesa pero tengo miedo por mi familia, mi padre en el pasado me ha pegado, tengo miedo de que eso vuelva a pasar.
- Eso no pasará – dijo Onofre – mientras yo ordené que no suceda. En esta ciudad y en muchas otras mando yo. Ahora eres muy joven, seguirás viviendo con tus padres hasta que cumplas mayoría de edad. Con dieciocho años te compraré un piso por Sarria o algún barrio parecido. Tomarás hormonas para cambiar ciertos aspectos de tu cuerpo masculino al femenino como la cara, la voz. Te pondremos tetas, te quitaremos dos costillas. Serás la mujer más preciosa del mundo. No nos costará mucho, ya se te ve un chico guapo.
- Pero soy raro, nadie me acepta.
- Porque no es tu mundo, Cristian. Tú eres una diva, una reina. Hemos tenido la suerte de encontrarnos. Te voy a meter en tu mundo para yo ganar mucho dinero, tú también vas a ganarlo. Será un aprovechamiento mutuo. Seremos ricos, poderosos y respetados – estas palabras cautivaron mucho a Cristian.
- ¿Y qué pasará antes de los dieciocho?
- Fernando será tu mentor. Te lo enseñará todo y te dará algo de dinero para que vivas como la gran diva, la gran puta. Yo no soy ni homosexual ni pedófilo. Fernando te ha dicho lo contrario ya que no nos interesaba decirte la verdad por miedo a un rechazo tuyo. Tengo mi familia, tú nunca los conocerás. Fernando y otros hombres de mucha confianza te van a ayudar. Yo iré a verte de vez en cuando para saber como te va. Cuéntamelo todo, lo bueno y lo malo. Si alguien se pasa contigo, tranquilo, seré cruel con él, aunque sea Fernando, nadie me va joder mi gran inversión… ¿qué me dices? ¿Vas a hacerlo?
- Me ha convencido – dijo Cristian pero no muy seguro.
- Tutéame.
- Quiero hacerlo ¿Cuándo empiezo?
- Ya mismo – dijo Onofre y mandó entrar a Fernando al despacho – Nuestro Cristian ha aceptado. Nuestra musa.
- Perfecto – dijo Fernando riendo – despídete del señor Onofre y vamos a mi casa. Ahí será tu colegio útil.

Y esos tres años pasaron felizmente rápidos. Por fin Cristian sintió cariño, supo que era la amistad. Cierto que sus amistades eran mafiosos, asesinos, pedófilos pero a él lo trataban con grandes honores, era mejor eso que aguantar a los tábanos de sus padres. Sin embargo, éstos recibieron una visita de Onofre y su gente, fueron advertidos de que cualquier maltrato psicólogico o físico al chico sería cruelmente respondido. Cristian se enteraría años más tarde aunque no le importó lo más mínimo. Durante esos años aprendió arte, inglés y francés, moda y mucho sexo seguro con varios hombres del círculo de Fernando, de vez en cuando recibía algo de dinero. Se vestía de mujer para sus amigos y hacían fantasías sexuales de todo tipo. Cada vez que comía un pene le gustaba más, hasta gemía del placer por el cacho de carne. Su glúteo fue abriéndose poco a poco. A los dieciséis años se enganchó al tabaco y a la mariguana por la influencia de Fernando que era un amante de estas drogas. Onofre lo sabía pero jamás le dio la importancia, era consciente que en un futuro no muy lejano se engancharía a otras drogas peores, a toda la gente que llevaba ese tipo de vida le pasaba lo mismo, Cristian no iba a ser una excepción. Cumplió la mayoría de edad y Cristian se independizó, sus padres no protestaron. Dejó los estudios y se fue a vivir en un piso dúplex en la zona alta de la ciudad, en Sarria. Ahí empezó de chapero de lujo, cobraba cincuenta mil pesetas la media hora y cien mil la hora. Era uno de los más caros de la ciudad y de los más visitados. Se tomó tan en serio su profesión que enseguida fue recomendado a todos los homosexuales ricos. Las pastillas que tomaba poco a poco le hicieron efecto y sus hormonas cambiaron con el paso del tiempo. Tuvo la suerte de no tener mucho bello en el cuerpo o barba en la cara, con lo cual fue más fácil eliminar todo ese pelo. Llevaba un pelo largo, se los dejó crecer a los dieciséis, liso y rubio. Por esa época se aficionó a la cocaína que le traía un camello cliente suyo de Colombia. Y es que Cristian tenía entre su demanda artistas, deportistas, empresarios, altos funcionarios, periodistas muy importantes… burguesía alta. Por fin, llegó su sueño, la operación de pecho. Cuando despertó era casi toda una mujer, se pasó los primeros días tocando esas dos rocas. Un poco después le quitaron las dos costillas de abajo y nació por fin Cristina. Ésta tenía la silueta de una top model con pene. En poco tiempo se convertiría en la transexual más famosa de Barcelona. Onofre estaba encantado con ella y las ganancias. Onofre se quedaba el veinte por ciento de las ganancias de Cristina, generalmente solía llevarse un por ciento más elevado, sin embargo, con la gran diva era diferente, ganaba tanto dinero que no hacía falta quedarse tanto. Tenía veinte años y mucho dinero. Durante los siguientes años fueron llegando más transexuales adinerados, sobretodo de Brasil ya que la demanda pedía mucho este país. Cristina se hizo amiga de casi todas, había una competencia entre ellas pero fue sana. Todas aceptaron que la autóctona era la número uno. El negocio de Cristina fue el único oficio que no redondeó para arriba con la entrada del euro, ni falta que hacía. Ella siguió mandando pero tanto dinero se le subió un poco a la cabeza. Empezó a derrochar dinero estúpidamente en cocaína, fiestas, ropa, joyas. Los fines de semana no trabajaba, ella iba tan sobrada de clientes que no le hacía falta, y quedaba con otras colegas para irse de fiesta sábado y domingo sin parar. Para aguantar el ritmo de las discotecas y afters hour Cristina tomaba drogas de todo tipo: LSD, Speed, MDMA… Eso hizo que los lunes trabajase poco a causa del gran cansancio de los excesos. Aunque los demás días rendía. Onofre no dijo nada, aún ganaba mucho dinero. Cuando Cristina cumplió los veinticinco años el mercado transexual llegó a su pleno auge, Onofre era el dueño, no era el único mercado que había subido en el mundo de la prostitución, otro bien diferente como el asiático también generaba mucha ganancia, sin embargo, éste era inalcanzable para Onofre debido a su enemistad con la mafia china. Después de unos años de grandes excesos por la cocaína y otras drogas Cristina dejó de salir tanto durante un año. Durante esa época viajó por toda España para clientes multimillonarios que habían oído las grandes cualidades de la mujer. Tenía menos demanda pero ganaba igual o más dinero. Continuó consumiendo droga pero no con esas cantidades tan exageradas como en épocas anteriores, al año siguiente ya se le pasó la conciencia, volvió a afincarse laboralmente a Barcelona y retornó a su antigua vida. Fue cuando conoció a Dunia, una transexual brasileña que trabajaba en el arte del desnudo en un club muy famoso. Salían casi siempre a la misma discoteca y after hour. La fiesta empezaba a las doce la noche del viernes y acaba a las ocho de la tarde del domingo. Una de las grandes diversiones de ellas era hacer creer a muchos heterosexuales que eran chicas de verdad, luego cuando se estaban besando les cogían de la mano y la dirigían en su falo erecto, como consecuencia los chicos salían corriendo, otros no y acababan haciendo el acto sexual. Un domingo, a las nueve de la mañana, Cristina y Dunia se encontraban en el after hour de siempre, en ese local había más como ellas, hasta se encontraba un cuarto oscuro para los transexuales o travestidos y sus ligues. Un chico fue a hablar con Cristina, ella le dijo la verdad ya que le veía buena persona y no quería asustarle pero a él no le importó y siguió hablando.

- ¿Te has operado el pene? – preguntó el chico.
- No – respondió Cristina secamente.
- ¿Por qué?
- Duele mucho antes y después de la operación, no me interesa.
- ¿Cómo te llamas?
- Cristina ¿y tú?
- Ramón.
- Oye Ramón, una cosa, sólo sabes hablar haciendo preguntas – Cristina siguió borde.
- Perdona, soy muy curioso.
- Como todos ¿no tienes novia?
- No, no la quiero.
- ¿Por qué?
- Ahora eres tú quien no para de preguntar – dijo Ramón bromeando – Me gusta la soledad.
- Creo que no sabes si te gustan las mujeres.
- Me he corrido con ellas, me pongo muy cachondo cuando les como el coño. No me gustan los hombres, de verdad, pero con vosotras siento una gran curiosidad.
- Eres un tío bastante guapo – dijo Cristina sinceramente mirándole lujuriosamente.
- Gracias, tú estás muy buena ¿te puedo besar?
- Creo que poco has ligado tú. Eso no se pregunta, se hace.
- ¡OH! Sí – Ramón besó a Cristina y ésta le devoró con su lengua excitada por las drogas, la belleza del chico y su clara inocencia.
- Vamos al cuarto oscuro a follar, yo siempre lo hago con condones, aquí hay algunos transexuales que trabajan en la calle y follan sin condón, espero no verte nunca con ninguna de ellas – dijo Cristina mientras tocaba el pene de Ramón.
- No, tranquila – habló Ramón excitado.

Fueron al cuarto oscuro. Pasaron unos minutos pero Ramón no pudo eyacular por los nervios, nunca lo había hecho en un lugar como ése. A Cristina le gustó ese chico, ella llevaba muchos años siendo una fiereza y ya estaba en una época de su vida de la cual se comenzaba a cansar. Tan sólo conocía gente rica y malvada, un mundo hipócrita. Ella tenía dinero, trabajaba mucho, sabía que no podía vivir como los demás, no tener una familia, pero con Ramón vio la posibilidad de tener un amigo bueno y buen amigo, quizás era su única oportunidad, tal vez era una intuición falsa y se equivocaba aunque poco podría perder. Por eso Cristina invitó a Ramón a terminar la fiesta en su piso. Se despidió de Dunia que se quedó con otro chico. Cogieron un taxi, Cristina explicó su vida al chico.

- Lo que voy hacer hoy contigo suele costarle a los demás seis cientos euros – dijo Cristina.
- Estoy flipando ¡vaya vida! – casi gritó Ramón excitado.
- ¿Cuántos años tienes?
- Veintitrés.
- Eres joven.
- Tú no me sacas mucho tampoco, sólo tres.
- Sí, pero yo he visto mucho mundo, conozco mucha gente, casi todos malos.
- ¡OH! Yo no creo eso. La gente es buena, pero la sociedad los hace malos.
- Eres inocente, Ramón.
- ¿Por qué?
- En la vida, o en el mundo, gana el más cabrón, el más malo. Nunca se va poder cambiar esto.
- Yo creo que algún día llegará la felicidad para todo el mundo.
- No sé cómo… - dijo Cristina tristemente mirando al vacío.
- Una revolución o algo parecido.
- Una dictadura por otra dictadura. Poco has sufrido me parece tú.
- A caso tiene que ver algo.
- Un poco. Yo he visto el mal, tú no. Pero por eso me gustas. No tienes esa mirada de dolor ni rencor ni odio ni venganza como yo y mi gente – comentó Cristina sonriendo y acariciando la cara de Ramón.

Llegaron al piso de Cristina, el taxista se quedó atónito de escuchar la plática. En casa de Cristina pudieron divertirse con toda la lujuria y tranquilidad del mundo. Cristina acabó con todas las energías del chico, quedó destrozado.

- ¡UF! Estoy reventado, preciosa. Así seguro que nunca voy a querer tener novia otra vez – dijo Ramón.
- ¿Otra vez? Te ha dejado, vamos – habló Cristina.
- Esa es la verdad – dijo Ramón tímidamente – por la que me he atrevido hablarte. Mi novia me ha dejado hace dos semanas, ha sido la única mujer con la que he estado, hasta hoy.
- ¿Qué ha pasado?
- Llevábamos cinco años, hace tiempo que se acabó la pasión. Y me ha hecho los cuernos varias veces, yo lo sabía, y se lo perdonaba siempre.
- ¿Cómo eras tan bueno? – dijo Cristina irónicamente.
- Decía que se arrepentía mucho, que me quería… pero ahora me ha dejado. Que voy hacer si soy así de tonto – habló Ramón honestamente.
- Si has aprendido la lección, ya no eres tonto.
- Gracias Cristina – Ramón calló y cambió de tema para alegrarse un poco - ¿Sabes? Al principio me ha dado un poco de mal rollo verte la polla, sobretodo cuando la tenías empalmada, aunque había escuchado que los travelos la tenían muy grande, tú no la tienes pequeña pero me esperaba más.
- Eso son leyendas urbanas ¿tocarías mi polla ahora?
- Un poco.

Ramón masturbó un poco a Cristina, ésta tuvo una erección. Ramón se quedó sorprendido, tocó el pene de Cristina con su lengua poco a poco y a ella le gustó mucho. Luego lo besó varias veces hasta que metió el falo en su boca. No lo hacía muy bien al principio, Cristina lo corrigió un par de veces. Pero finalmente fue una buena felación y Cristina eyaculó. La velada terminó, se dieron los números de teléfonos para quedar otro fin de semana. Quizás era la hora de tener un amigo. Durante los siguientes meses quedaron para salir de fiesta terminando en casa de Cristina formicando. Después ella escuchaba las ideas infantiles de él.

- ¿Tú crees en la felicidad? – preguntó Ramón.
- ¿Qué coño dices? – preguntó Cristina sorprendida.
- Veo que no, pero siempre siempre te veo de buen humor.
- De buenas estoy contigo porque desde el primer día he visto tu inocencia, pero con los demás jamás, mantengo las distancias… ¿Qué te ha dado ahora?
- Soy feliz así, Cristina, es una vida extraña pero me gusta.
- No te entiendo, de verdad.
- Ni yo a ti. No tienes esperanza.
- ¡No! – Cristina respondió con un grito que le salió del alma – No creo en tus gilipolleces. No confío en nadie, no se puede hacer eso.
- En alguien sí..
- En poquísima gente, sino te hacen daño, como a ti.
- Sí, me lo han hecho. A veces… aún mantengo la esperanza de encontrar una mujer que me quiera – dijo Ramón.
- Los tiempos han cambiado. La gente no se soporta toda la vida como antes, mejor así, es malgastar una vida.
- Puede ser o no, yo no lo sé.
- Poco sabes tú, aunque hagas lo que hagas te vas arrepentir, siempre pensarás que el otro camino hubiese sido el bueno pero no es así, simplemente que la felicidad dura poco, lo demás es trabajo, suegros, guarderías… yo no me considero libre, pero gano mucho dinero que es lo más importante en la vida.
- No lo es, Cristina, el dinero no da la felicidad.
- Prefiero ser una rica triste que una pobre triste. Al menos mis lágrimas las secaran los billetes de cien euros e incluso los de quinientos.
- Cuando seas vieja – Ramón se calló y volvió hablar – no, dentro de unos pocos años, ya no podrás trabajar en esto ¿qué harás?
- Seré la madame de un piso con varias chicas.
- ¿Transexuales?
- No tiene por qué. Chicas, gays, trans… me la pela.
- Ajá – dijo Ramón mirando a ninguna parte.
- No entiendo después de la ostia que has recibido aún crees en tantas chorradas.
- Mi padre siempre me ha dicho que no aprendo ni a palos.
- Tiene razón.
- Puede ser.
- ¡Deja de estar empanado!
- Sé que te da rabia, Cristina, pero también sé que te gusta.

Y tenía razón. Cristina sentía un gran cariño por Ramón, ninguno se enamoró del otro, hasta el joven era lo suficientemente consciente de evitar esa locura. Pasó un año. Cristina tenía veintisiete años y Ramón veinticuatro. Una tarde de un martes Cristina esperaba a un político importante, era irónico ya que militaba en un partido de derechas que se negaba rotundamente a la igualdad de derechos para los homosexuales. Entró con dos guardaespaldas. El político y sus muchachos esnifaron un poco de cocaína con Cristina. El político pidió hacer sadomasoquismo a ella, pero ésta se negó ya que primero, nunca lo había hecho; y segundo, en todo caso sería ella quien se lo haría a él. Entonces los guardaespaldas cogieron a Cristina, la golpearon un poco, la desnudaron y el político la penetró violentamente tal y como hizo un sacerdote hace años con Cristina. La azotó fuertemente el glúteo dejando morados, le giró y le golpeó la cara, le volvió a penetrar y eyaculó terriblemente excitado. Luego fue el turno de los guardaespaldas, los cuales tampoco no se cortaron nada. Terminaron, pagaron y se fueron. Cristina llamó a la ambulancia y llegaron pronto. Al día siguiente Onofre fue a verla.

- Mi Cristina – dijo Onofre - ¿cómo estás?
- De baja laboral – intentó bromear Cristina pero acabó llorando.
- Siento mucho lo ocurrido.
- ¿No vas a hacer nada?
- No puedo.
- ¿Por qué? – preguntó Cristina resignada.
- Son negocios.
- ¿Qué?
- Él habló conmigo, me pidió un favor, tenía ganas de juerga. Yo le hable de ti. A cambio he ganado mucho dinero.
- ¿Yo? Maldito hijo de puta, tu mejor trabajadora – dijo Cristina.
- Por eso ha pagado tanto dinero, no te lo puedes ni imaginar. He conseguido un nuevo fichaje, recién cumplido la mayoría de edad, tan genial como tú. Lo siento, tu época ha terminado. No volveremos a vernos – habló Onofre tranquilamente.
- Y ya está, que te jodan cabrón, pienso acabar contigo.
- Estás viva, mira el lado bueno. Gracias a mí estás viva, recuérdalo. Tienes dinero ahorrado, haz una buena inversión.
- ¡Cerdo! – Onofre se iba pero se giró para volver hablar.
- Nunca quise llegar a este punto. Lo siento. Uno de los guardaespaldas tenía sida. Se ve que a nuestro político le gusta verle follar imaginando como el virus se traspasa entre cuerpos, al menos eso me dijo, hasta siempre, Cristina.

Cristina no pudo creer a Onofre ¿había gente tan terrible en el mundo? Sí. Ramón había sido una mala influencia para ella. Le había delibitado. Se acabó. Cristina no lloró, quería venganza. No le curaría de la enfermedad. No volvería a ser una diva. Pero sí vería el horror en sus enemigos, en la gente que le destruyó. Tan joven y tan desgastada por la maldad de la vida. Merecía un dulce por una vez. Tardaron en darle el alta en el hospital. Los doctores no preguntaron ni llamaron a la policía, Onofre los compró. Cuando salió lo primero que hizo fue ver a su traficante de drogas. Compró mucha droga y una pistola. Más o menos había diseñado un plan o el principio de una idea. Fue a ver a Fernando, que aún vivía en el mismo lugar. Picó y Fernando abrió la puerta sabiendo que era ella, no pensó que su vida peligrase.

- ¡Cristina! ¡No sabes cuánto lo siento!

Ella no contestó directamente le pegó una buena patada en el miembro. Con la pistola le dio en toda la cabeza y Fernando perdió el conocimiento. A los cinco minutos volvió a recuperar todos los sentidos.

- ¿Qué haces Cris? – Dijo Fernando intentando persuadirla de sus planes – Te aseguro que yo no quería lo ocurrido.
- Claro – dijo Cristina irónicamente.
- Te lo prometo.
- ¡Y una mierda! – Cristina pegó otra vez a Fernando – Llama a Onofre. Dile que venga.
- Es muy tarde.
- Dile la verdad.
- Vendrá con hombres.
- Lo sé, hazlo – Fernando llamó.
- Ahora vendrá. Piensa. Te va a matar.
- Ahora mismo hay una diferencia entre tú y yo.
- ¿Cuál?
- Yo tengo la pistola.
- Por favor…
- Me caías bien ¿cómo pudiste?
- Perdona…
- Ya no puedo…

Cristina tenía una pistola con silenciador. No se escuchó el disparo en la cabeza, que mató enseguida a Fernando. Cristina abrió el gas y poco a poco se expandió por todo el piso. Salió y cerró. Se fue a mirarlo todo desde un bar, entró al lavabo y esnifó bastante ya que temblaba sin parar a causa del asesinato. A los treinta minutos llegó Onofre con tres hombres. Subieron los cuatro. Picaron a la puerta. Nadie abría. Onofre nervioso por la posible muerte de su hermano disparó a la puerta varias veces sin darse cuenta del olor del gas, en el piso había tanto fluido que explotó todo el rellano matando a Onofre, sus hombres y los vecinos. Cristina fue a esnifar más y se metió dos cristales. Cuando salió del bar vio todo ese fuego, pero aún encontraba que le faltaba algo. El fuego no le daba el calor suficiente, la suficiente venganza. Quizás si cortaba la raíz de su problema tendría el fuego necesario. Los creadores de su dolor, su familia. Hacía nueve años que no veía a sus parientes. Tal vez ya no vivían en la misma dirección pero en el caso del tío tuvo suerte. Picó la puerta y abrió su violador.

- Hola – dijo Cristina.
- ¿Quién es usted? – preguntó el tío.
- No te acuerdas de mí.
- Lo siento pero no.
- Me violaste con doce años.
- No puede ser. – No le dio tiempo a decir nada más ya que Cristina le apuntó con el arma y le obligó a entrar en su vivienda. Lo disparó en cada pierna, el sacerdote cayó y Cristina se puso encima de él para quitarle los pantalones – Señor, mi sobrino viene a vengarse por un pecado que cometí. Él no me ha perdonado, yo sé que tú sí. Espero que también le perdones como yo le perdono.
- Tanto perdón y tanta mierda… haber si me perdonas después de esto cabrón de mierda – Cristina bajó los pantalones al sacerdote y le cortó el pene con un cuchillo que había en la cocina – Te aseguro que es poco, comparado con todo el dolor que sentí yo.

Cristina cogió el miembro y se lo guardó en el bolso. Se drogó un poco más y se fue. Dejo al cura morirse desangrándose. “Así poco a poco verás las puertas del infierno” dijo Cristina. No le amordazó la boca y el tío no paró de gritar. Cristina fue lo bastante rápida para que nadie la viese, era su día de suerte. Siguiente y última parada, casa de sus padres, tanto tiempo sin verles, habrían envejecido un poco. Iba tan drogada que hasta veía alucinaciones, en más de una ocasión creyó ver los fantasmas de sus víctimas persiguiéndola, cerró los ojos y los volvió abrir, todos desaparecieron. Llegó a su casa, esperó unos segundos, pensó en toda esa mala infancia, qué les diría, no podía matarlos, eran sus padres al fin y al cabo. Decidió hablar con ellos, sentía odio pero era su familia y quizás la ayudarían. Cuando su madre abrió reconoció a su hijo, una madre es una madre.

- ¡Hijo mío! – Dijo la madre asustada - ¿En qué te has convertido?
- En lo que soy, en mí. Yo – respondió con voz pastosa Cristina.
- Entra, entra – dijo la madre. Una vez en el piso la madre habló con el padre – Tu hijo ha venido a verte – salió el padre del lavabo.
- ¿Cristian? – Dijo el padre sorprendido.
- Sí.
- Has cambiado mucho pero para peor.
- Hace nueve años que no nos vemos, papá, y sólo me dices esto ¿no me quieres?
- Creo que no – respondió el padre.
- ¿Y tú, mamá? – preguntó Cristina intentando salvar su alma.
- Hijo… yo no quiero tener un hijo así… no sé… qué van a pensar los vecinos.
- Únicamente te preocupa eso, ya veo ¿por qué no tomamos unos cafés y hablamos?

Y así fue. Cristina se ofreció voluntaria para hacer los cafés. “Deja el bolso” dijo la madre, “no, que miraréis que hay” respondió ella, “drogas seguramente” acabó diciendo el padre. La gota que colmó el vaso. Mientras estaba en la cocina Cristina lloró. Había sido tan ingenua con sus padres. La culpa era de Ramón, lo quería, era buen chico aunque él no estaba preparado para un mundo como el nuestro, no podría sobrevivir mucho más. Cristina ya había caído, enloqueció, no le importaba ya nada, únicamente quería tener un viaje rápido y sin regreso. Puso cristal en los cafés de sus padres. Fue al comedor y sirvió las tazas. Su padre le miraba fatal, su madre no sabía donde echar los ojos. Cristina estaba llena de odio. Bebieron un poco.

- Aún me cuesta creer que seas hijo mío – dijo el padre.
- Hija – replicó Cristina.
- Es increíble – habló el padre cabreado.
- Tranquilízate – dijo la madre al padre.
- Eres mala persona, papá, después de tantos años y me recibes así ¿quién es el monstruo aquí? ¿Yo por ser diferente o tú por rechazarme? ¿Mamá por ser tan cobarde?
- ¡No nos hables así! – Gritó el padre.
- Me encuentro mal… - susurró la madre.

El cristal hizo rápido efecto en la madre ya que tenía el estomago débil. El padre intentó ayudarla pero tal como se levantó, cayó al suelo por el efecto de la droga. Cristina sentó a los padres en una silla cada uno, no hacía falta atarles, estaban muy drogados. Cristina sacó el pene y la pistola del bolsillo.

- ¿Sabes qué es esto? – Habló Cristina a su padre.
- ¿Qué has hecho? – Dijo el padre aturdido.
- Es lo que queda del violador de tu hermano, ése que protegiste – Cristina se acercó mucho a su padre - ¡Abre la boca! ¡Abre la boca!
- ¡No!
- Por favor, Cristian… - suplicó la madre.
- Abre la boca o mato a tu mujer – Cristina con la otra mano apuntó a su madre, el padre separó sus labios y Cristina introdujo el miembro de su tío, un poco para dentro, después para fuera, para dentro, para fuera… - ahora ya sabes todo lo que yo sufrí, toda mi humillación.
- ¡Para! – Gritó la madre llorando, no podía ni levantarse a causa de la droga, no veía con mucha claridad pero era consciente de la situación. Cristina paró.
- Tú – Cristina se dirigió a su madre – Tú eras mi madre, nunca me protegiste, nunca hiciste nada, mamá, no te mereces que te diga así, yo era pequeña, inofensiva, inocente, tu deber era protegerme de la gentuza pero te uniste a ellos. Mamá, he intentado perdonarte pero no he podido, voy a matarte, me he vuelto loca por vuestros pecados – Cristina empezó hablar con su padre – Papá… lo tuyo no tiene nombre, me pegaste, me maltrataste en casi todos los sentidos, me odiabas por ser yo misma – Cristina calló mirando a su padre, respiró fuerte con mucho odio – papá… te voy a quitar la ropa… es hora que me conozcas.

Cristina desnudó violentamente a su padre, él no puso resistencia, Cristina cogió el pene de su padre y le masturbó poco a poco. “Empálmate, córrete, si queréis sobrevivir”. El miembro creció un poco, Cristina hizo una felación a su padre, éste no podría creer que alguien hiciese ese arte tan bien, sentía miedo y repugnancia pero a la vez su falo no dejó de crecer. No podía ser, su hijo, su hija, violándolo. Entonces, por fin, vio todo el dolor de su hijo, por primera vez se arrepintió de haber sido un mal padre, por su culpa su hija se había vuelto loca, con cariño podría haber sido como cualquier persona normal. Sí, un hombre con pecho y un precioso cuerpo de mujer pero feliz de tener una familia que le respaldaba. La violación no era ninguna mentira, había tardado quince años en creerla, era justo su castigo, dejaría a Cristina hacer lo correcto, únicamente le sabía mal por su esposa, ella no tenía tanta culpa. Cristina paró con la felación, se levantó y se quitó rápidamente toda la ropa. Tenía una verdadera catedral de mujer, hasta el glúteo era femenino, lástima del miembro. Cristina puso el culo encima del padre y su pértiga. El padre nunca había hecho una penetración anal pero se imaginó que el ano de su hija estaba más abierto de lo normal. Cristina se movió con la misma energía que con Ramón y sus clientes, pensó en Ramón, era lo único bueno de su vida, si lo hubiese conocido antes quizás nunca habría llegado a tal situación… pero eso ya no importaba. Cristina tenía la pistola en la mano por si su madre intentaba golpearla.

- ¿Te gusta? – Dijo Cristina a su padre – Sé que te gusta, papá.
- Hija mía, sé que suena falso, pero ahora he visto todo tu dolor. Mátame, me lo merezco, pero a tu madre no, por favor – habló el padre.
- ¡Tú no sabes nada del dolor! – Gritó Cristina, la madre no paraba de llorar pero no tenía fuerzas para gritar o hablar – Venga papito – dijo Cristina – venga papito follame… venga, demuéstrame qué es un hombre… destrózame, hazme mujer, has visto en que mujer me he convertido, venga papá…

Cristina movió la cabeza de un lado al otro por su locura: arriba, abajo, lado derecho y después izquierdo, otra vez arriba, abajo… gritando, haciendo pequeños saltos, su padre estaba apunto de eyacular. Cristina se movió aún más, se puso de cuclillas y subió y bajó un poco su cuerpo varias veces… su padre eyaculó.

Entonces los policías, llamados por los vecinos por escuchar tanto ruido y grito, derribaron la puerta, a puntaron a Cristina, ésta los apunto con su revolver y los agentes dispararon a Cristina cuatro balas. Cristina cayó, su padres como pudieron fueron a hablar con ella.

- Perdóname hija mía – dijo el padre – te quiero. Siento decírtelo tan tarde… te quiero – dijo el padre.
- Mi Cristina – habló la madre – mi niña, te hemos matado, somos unos asesinos. No merecemos tu perdón.
- Gracias Mamá y Papá. Por fin tengo vuestro amor, no es tarde, aunque me muera, pero me voy con vuestro amor, con eso me vale… os perdono… os quie…

Cristina murió, los padres la abrazaron llorando. Al menos habían hecho las paces. Sin embargo, ellos nunca podrían perdonarse del todo sus crímenes, nunca serían felices.

Ramón se levantó ese día bastante tarde. Puso la televisión y salió el asesinato de una transexual drogada por matar a su tío y el intento de homicidio de sus padres. Era sospechosa de otras matanzas a empresarios importantes de Barcelona. Cuando salió la foto de Cristina el chico se quedó muerto, no podía creérselo. Hacía tiempo que la llamaba, pero no cogía el teléfono móvil, pensó que no quería verlo más. Se conectó a Internet para buscar más noticias, recibió un correo electrónico, era de Cristina, lo había enviado desde un locutorio antes de hacer las matanzas. Ahí le explicaba todo lo sucedido y su plan. Después la carta fue más personal.

“Ramón, eres el único que me ha tratado como una persona. Si hubiese recibido amor en mi niñez tal vez no sería tan dura, pero la vida me ha enseñado putadas y más putadas. Lo siento, siento hacer esa locura. Aunque una transexual infectada de sida no tiene futuro, el futuro está bien para la gente normal (cajeras, panaderas, albañiles, profesores, policías, funcionarios, empresarios…) pero los transexuales no tenemos eso. Recuerdo esa conversación donde te preocupabas por mi futuro laboral, la verdad es que nunca me ha importado, sabía que moriría joven, era algo inevitable. Nosotras, las mujeres con polla, no podemos aspirar a muchos trabajos, muchas acabamos en la prostitución ¿has visto algún travolaco en un supermercado, en las noticias, en la música o en la escuela? La “sociedad democrática”, ¿nosotras no formamos parte?, aún no nos respeta, no sé si algún día lo hará, a mí ya no me importa. Recuerdo también nuestras conversaciones sobre la felicidad, tú, mi inocente aunque tierno amigo crees en ella. Yo no creo en la felicidad desde tu perspectiva de flores, amor y paz. Lo máximo que puede llegar una persona es a una alegría pequeña e inconsciente, sudando de todo, riéndote de las desgracias de uno mismo si no son muy grandes y no confiando en nadie, la gente es mala, si te ven débil, te van a pisar, contigo ya lo han hecho, ojalá que aprendas la lección algún día. Tal vez conozcas a una persona o dos en quien confiar, es posible, pero no habrá muchas más, olvida tus ideales.

Eres la única persona que he querido. No era amor de una mujer a un hombre, era algo más platónico, precioso, encantador… y encima con sexo ¿se puede pedir algo más? La verdad es que follando eres bueno, me gustaba estar contigo, eres el único con quien me apetecía hablar después de follar ¿eso es el amor? No lo sé. Tampoco pensaba en ti cada hora ni cada minuto ni cada segundo como hacen las parejas, de vez en cuando te echaba de menos, tenía ganas de verte, aunque delante de ti me hacía la fuerte, no quería que te fliparas y pensaras que habría alguna posibilidad de salir conmigo, que capaz eras. Siento despedirme de ti así. Pero quiero que sepas que te quiero. Perdóname por lo que voy hacer. Te conozco, sé que te vas a despertar tarde, cuando leas esto será muy tarde ¿ves? Me gustaba escucharte, hablarte, follarte y drogarme contigo.

Tú también eres un poco especial. Eres inteligente pero inseguro. Eres guapo pero aún no confías en ti mismo, no sé porqué, quizás por tu educación. Sin embargo, si eres un poco cabroncete puedes llegar lejos en esta vida, no te dejes pisar, aunque tampoco vayas machacando a los demás, eso no está bien. ¿Qué más puedo decirte? Otra vez, te quiero, es el final, querido. Nunca me olvides, yo contigo no lo haría, ojalá haya cielo, creo que me lo he ganado, aunque mate, me han hecho tantas injusticias que la balanza aún sería a mi favor, adiós Ramón.

Te quiere,

Cristina”.

http://camisaspadrino.blogspot.com/2008/09/cristina.html

1 comentario:

Jabato dijo...

Hace unos dias, gracias a un comentario que vertio en mi blog, Sexodepago, pude descubrir a un joven escritor de relatos y bloggero que escribe bajo el seudonimo de Camisas.
Tras revisar su blog, donde escribe sus ideas, pensamientos y relatos con originalidad y frescura propia de su juventud, quede enganchado en la lectura de este relato "Cristina".
Un relato que ha escrito de modo directo y realista, cuyo final se hace duro digerir debido a su crudeza, y que me resulto muy impactante. A destacar bajo mi punto de vista, como se ha trabajado el autor la parte de documentacion necesaria para poder escribir un relato de estas caracteristicas y tematica.
Mi mas sincera enhorabuena al autor porque es lo mejor que he podido leer en mucho tiempo.